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No se ve clara la crisis en un año en que ha funcionado mejor que nunca ese otro cine comercial español. /Archivo
La crisis del cine español, de ser real, sería endémica
Lo aseguró hace unos meses un hombre que ahora opta a su tercer Goya, Fernando Trueba: "El cine español siempre ha estado en crisis, y lo sorprendente sería que estuviera fuera de ella".
La crisis del cine español, que de ser real sería endémica, quizás se ha convertido más en un tópico que en una realidad. Puede que el cine español en su conjunto no tenga una buena imagen y no concite el aprecio automático del espectador. Aún hay quien elogia a una buena película realizada aquí diciendo aquello de que "no parece española". Puede que el pedazo de la tarta del cine producido en el Estado frente al estadounidense sea demasiado exiguo. Un 13 ó 14 por ciento de cuota de mercado para los autóctonos nunca ha sido para echar cohetes. Puede que la situación anímica del sector, rodeado de polémicas y con la Orden Ministerial que desarrolla la nueva Ley del Cine en cuestión, después de estar paralizada durante semanas en Bruselas, no sea la deseable. Pero aquí y ahora lo cierto es que cuesta hablar de crisis del cine español.
Se hace cuesta arriba hablar de crisis en un año en que dos superproducciones españolas, 'Ágora', de Alejandro Amenábar, y la cinta de dibujos animados 'Planet 51', han roto sucesivamente el techo de presupuestos utilizados en el cine 'made in Spain', demostrando que se puede ser ambicioso y tener como objetivo el mercado internacional aunque trabajes desde Alcobendas.
No se ve clara la crisis en un año en que ha funcionado mejor que nunca ese otro cine comercial español, volcado hacia el mercado interior y que, con productos más basados en el marketing que en la calidad, ha hecho dinero, mucho dinero. Hablamos de fenómenos taquilleros como 'Mentiras y gordas', 'Fuga de cerebros' y 'Spanish Movie'.
Sí, cuesta hablar de crisis en un 2009 en que, a falta de datos definitivos, está claro que la cuota de mercado del cine español ha crecido e incluso se apunta como uno de los motivos, junto al desarrollo del cine en 3D, para el incremento general del número de espectadores en casi un 3%.
Si en cuestión de números parece que el concepto de crisis ha entrado en ídem, la cuestión sería si existe una crisis creativa. Y ahí, amigos, ya entramos en el terreno de lo subjetivo. Si queremos ver la botella medio vacía y nos fijamos en lo perdidos, por no decir que poco finos, que han andado algunos de los grandes cineastas en su últimas propuestas (Pedro Almodóvar en 'Los abrazos rotos' y Fernando Trueba con 'El baile de la Victoria') o en las evidentes deficiencias de la película polémica de la temporada, 'El cónsul de Sodoma', podríamos concluir que la creatividad de nuestro cine está de bajón.
Sin embargo, también hay botella medio llena, o seguramente más que medio llena. En la cosecha de 2009, la que ahora se somete al juicio de los premios Goya, encontramos un películón ('El secretos de sus ojos', del argentino Juan José Campanella), un título inclasificable ('Ágora'), un puñado de interesantes películas comerciales ('Celda 211', 'Gordos', 'Pagafantas'), un debut más que prometedor (Mar Coll y sus 'Tres días con la familia') y un documental en verdad excepcional, 'Garbo, el espía', de Edmon Roch. ¿Quién da más? Pues probablemente, el propio cine español, en la próxima temporada.
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«La crisis viene bien para la creatividad», el actor Gabino Diego aborda el impacto de la recesión económica en el cine. /G. De Oliveira