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Rodrigo Cortés Giráldez ha pasado de director semidesconocido en España a realizador semiconocido incluso en Estados Unidos

No parece difícil acercarse a la figura de Rodrigo Cortés. Se ha dejado entrevistar, hemos visto sus películas, tuitea casi tanto como Álex de la Iglesia y tiene un blog donde exprime las cosas que le quedan por contar. Sabemos que lee a Palahniuk y escucha a The Band. Lo que darían algunos por reunir la mitad de información sobre Shakespeare.

Orensano de la generación del 73, Rodrigo Cortés Giráldez ha pasado de ser un director semidesconocido en España a convertirse en realizador semiconocido incluso en Estados Unidos. Lo de menos es que con 'Buried (Enterrado)' opte a los principales Goya (y porque solo tenía un actor). Al aceptar dirigir un guión maldito que quemaba en las manos de Hollywood, superó el estatus de "cineasta insensato, por pura ignorancia" y ascendió a hombre audaz capaz de encerrar a Indiana Jones en un ataúd.

Superó el estatus de cineasta insensato y ascendió a hombre audaz capaz de encerrar a Indiana Jones en un ataúd

Con un humor autocrítico y veloz, basta escucharle diez minutos para comprender que sería capaz de revender a Benzema al Real Madrid. Uno se lo imagina convenciendo a los ejecutivos americanos de que le dejaran dinero y a una estrella para llevársela a España y encerrarla en una caja sin permiso ni para salir a echar una calada.

Menos de tres semanas le bastaron para rodar su chaladura, justo a tiempo para que en Sundance se corriera la voz de que allí, donde casi todo es distinto, se iba a estrenar algo único. «Nos encontramos con colas de seis horas y gente que pagaba 16 veces el precio de la entrada», contaba todavía asombrado poco antes de su estreno en España. El resto es historia, aunque todavía se esté escribiendo.

¿Salió Cortés de la nada? Por supuesto que no. A los 16 rodó su primer corto en Súper-8 y en 1998 logró más de veinte premios con 'Yul', uno por cada minuto de talento. Tres años después superó todas las plusmarcas conocidas en reconocimiento festivalero gracias a '15 días', un divertido falso documental que ya querrían los verdaderos. La publicidad y los videoclips le permitieron entretanto dominar el medio y no morir de hambre en el intento, hasta que se vistió de largo con 'Concursante', que ganó en Málaga el premio de la crítica pero dejó la agridulce sensación de que cabía exigirle más.

No es fácil que los Goya coronen la aventura, pero ningún traspié logrará derribar su espíritu realista y pragmático. "La Academia no es una señora con gafas que aprieta un botón y sale una única decisión personal, con gustos fijos, sino que es la suma de personalidades y sensibilidades distintas", certifica. "Los premios son injustos, tanto cuando te los dan como cuando no".

Ahora prepara 'Red lights', otra locura sobre el cerebro humano y su incapacidad para percibir la realidad de forma fiable. En su silla espera a Robert de Niro y Sigourney Weaver como quien aguarda el tranvía. "La verdad es que miro alrededor y creo que estoy a punto de comenzar a rodar la película de otro y que en cualquier momento se van a dar cuenta de que soy un farsante", bromea. Que no deje nunca de hacerlo.

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