La figura y el legado de Luis García Berlanga estarán muy presentes en la vigésima quinta ceremonia de entrega de los Goya. La profesión recordará con mucho cariño y más respeto al patriarca del cine español y fundador de la Academia de Cine, fallecido el pasado 13 de noviembre. Su muerte generó un profundo sentimiento de orfandad en la gran y no muy bien avenida familia del cine español que lo reconocía, esta vez con acuerdo general, como uno de sus maestros. La de Berlanga fue una pérdida irreparable para nuestro cine, pero no la única en un año aciago en la que despedimos a varios miembros de una brillante generación que contribuyeron a engrandecer la profesión.
En los últimos doce meses nos dejaron otros grades del oficio, como los actores Manuel Aleixandre y Antonio Gamero, dos secundarios sin cuya impagable contribución es imposible escribir la historia del cine español en el último medio siglo. También nos dejaron otros dos puntales de la comedia, los actores Antonio Ozores y Juanito Navarro, sobre los que pivotó una parte de la industria del cine español antes y después de la muerte de Franco y que movilizó masas de espectadores hasta que, superada la Transición y el sarampión de destape, la generación de los Almodóvar y compañía tomó el relevo.
En el Teatro Real se recordará también a otros profesionales cuya contribución fue crucial, como el músico Augusto Algueró, autor de la banda sonora de nuestras vidas, el actor de doblaje Jordi Estadella o al productor Paco Marsó. También las actrices María Mercader y Carla Duval o al cantaor Enrique Morente y sus apariciones fugaces en varias películas.
Retrato de una España en blanco y negro
El luto cubrió nuestro cine el 13 de noviembre de 2010. A los 89 años se apagaba el genio de Luis García Berlanga que el alzheimer venia minando. Desaparecía un cineasta de genio que junto al no menos genial Rafael Azcona mejor retrató una época a través de películas memorables. Filmes corales por los que pasó lo más granado de la profesión y que fueron un espejo para un país en transformación. Con películas como 'Bienvenido Mr. Marshall', 'Plácido' o 'El Verdugo' trazó Berlanga un vitriólico y tragicómico retrato de una España en blanco y negro a la que miró siempre con una lúcida mezcla de acidez y ternura. Un retrato que en la misma clave esperpéntica pero ya en color completaría con la saga de 'La escopeta nacional', 'La Vaquilla' o 'Todos a la cárcel'.
Desplegó Berlanga su singular talento para el plano secuencia y la comedia carpetovetónica en medio centenar de películas. Un legado que inauguró en 1951 con 'Esa pareja feliz' y que se cerró con 'París Tombuctú' en 1999. Una de las protagonistas de aquel trabajo, Concha Velasco, no dudó en despedir al maestro como una de los más grandes de la historia del cine en el siglo XX, equiparando su trabajo al de otros dos genios universales de la comedia: Federico Fellini y Billy Wilder.
Un mes antes, el 12 de octubre, la familia del cine se dolía por al muerte de Manuel Alexandre. Mítico secundario al que Berlanga había dado casi la alternativa con un papel en 'Bienvenido, Míster Marshall' y al que volvería a reclutar para 'Plácido', Vivan los Novios' o 'Tamaño natural'. Víctima del cáncer a los 92 años, y con dos centenares de películas en sus alforjas, la trayectoria de Alexandre explica la historia de nuestro cine.
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Terele Pávez, sobre la generación Berlanga
