El cine español está de moda. Aunque quizás lo más correcto sería decir que son sus puntales quienes lo están. Mientras la asistencia a las salas sigue desplomándose un año más ya sea por el efecto de la crisis, por la gangrena de la piratería o por el descenso en la calidad de unas producciones que se empeñan en recurrir a argumentos tan socorridos como previsibles, España se ha convertido en una exportadora de talento.
En el apartado interpretativo fue Antonio Banderas quien allanó el camino. Tras rodar con Almodóvar cintas como '¡Átame!', enrolló sus bártulos y puso rumbo a EEUU para aparecer en 'Los reyes del mambo tocan canciones de amor'. España había puesto su primera pica en Hollywood.
Al ciclón Banderas siguió el huracán no menos imparable desatado por Penélope Cruz. Amasada por las manos de ese chef de la cámara que es Almodóvar, se dejó ver en películas como 'Todos los caballos bellos', amén de coleccionar novios como Tom Cruise o Matthew McConaughey. Desde entonces, ha devenido en una asidua de Hollywood, alternando guiones poco memorables ('Vanilla Sky') con otros más aplaudidos ('Vicky Cristina Barcelona' y 'Nine'). Los directores se la rifan y puede darse el lujo de protagonizar un cameo en 'Sexo en Nueva York 2' o surcar los mares junto al Capitán Sparrow en la cuarta entrega de 'Piratas del Caribe'.
No menos codiciado es Javier Bardem, uno de los mayores 'monstruos' interpretativos de los últimos tiempos que dejó aterrados a los espectadores con su recreación del despiadado asesino salido de la pluma de Cormac McCarthy y barnizado por los Coen en 'No es país para viejos'. Acaba de rodar con Terrence Malick y tiene en perspectiva una cinta de Andrew Dominik en la que también estará Brad Pitt. Aunque parece difícil que lo logre dado el favoritismo de Colin Firth, con 'Biutiful' aspira a una nueva estatuilla.
Pero es en el apartado de los directores donde se está produciendo una revolución. Un grupo de realizadores se abre paso al otro lado del Atlántico, recayendo sobre sus hombros la responsabilidad de llevar a buen puerto proyectos con presupuestos cada vez más elevados, especialmente en el campo del terror. En España crecen los discípulos más aventajados de Hitchcock y Hollywood no ha pasado por alto esta realidad.
Juan Antonio Bayona ha viajado al sureste asiático para escarbar en las vidas arrasadas por el tsunami que asoló la zona en 2004, una empresa para la que ha confiado en Ewan McGregor y Naomi Watts. A Rodrigo Cortés no dejan de lloverle parabienes por 'Buried' y está a punto de comenzar el rodaje de 'Red lights', un thriller psicológico con Sigourney Weaver y Robert De Niro. Juan Carlos Fresnadillo apabulló con '28 semanas después' y regresará a las pantallas con 'Intruders', otro filme que provocará escalofríos para el que ha contado con Clive Owen y Daniel Brühl. Y tampoco hay que olvidar a Luis Berdejo, que convirtió a Kevin Costner en padre de Ivana Baquero en 'The New Daughter', o a Jaume Balagueró y Paco Plaza, cuyo '[Rec]' fue objeto de un remake mucho menos celebrado, 'Quarantine'.
Actores y directores de aquí que triunfan allí donde antes solo los más osados, como Almodóvar o Amenábar, osaban pisar. El cine español ha roto todas las fronteras y se ha internacionalizado. El mundo es ahora su campo de operaciones.
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Rodrigo Cortés, sobre la proyección en el extranjero
