¿Aman los jóvenes el cine español? ¿Están dispuestos a batirse el cobre (o sea, dejárselo en taquilla) por él? ¿Hay relevo generacional? Pues sí y no a todas las cuestiones. Porque primero habría que saber en qué jóvenes estamos pensando, que los hay muy distintos. O sea, están quienes se desviven por Mario Casas y lo han convertido este año en el sucesor del Duque, infalible para la taquilla, aunque no sea igual el Mario Casas de esa retrógrada y maniquea 'Tres metros sobre el cielo' que el de 'Carne de neón', dos de las películas que han abierto brecha este año para un posible cine español de gran público. Hay un nuevo star system español, aunque tiene su mirada puesta en la televisión y parece demasiado fugaz, peligrosamente efímero.
Pero también hay otra juventud de hoy: aunque parezcan salidos de los años 60, con sus jerseys, sus librerías de viejo y sus dilemas románticos, los protagonistas de 'Todas las canciones hablan de mí', el estimable y curioso debut en el largometraje de Jonás Trueba, también representan un relevo del cine español, con la oportunidad para despuntar del actor Oriol Vila, gracias a su nominación en los Goya.
La de Jonás Trueba es una de las películas que creen que en un cine comercial pero de corazón cinéfilo, en historias para todos los públicos pero no vacías ni impersonales: es también el caso de Borja Cobeaga y su 'No controles', Daniel Sánchez Arévalo y su prometedor tercer largometraje 'Primos' o Nacho Vigalondo preparando 'Extraterrestre'. Esa generación ya salió del huevo, y armando buen ruido: ahora estamos a la espera de que se geste la siguiente. Entre los espejos de esas nuevas generaciones despunta 'Blog'. Pocas veces se logra tal veracidad al crear una ficción totalmente apegada a la realidad: esas quinceañeras son actrices pero parecen filmadas con cámara oculta, en otro debut con nombre a apuntar para el futuro, aunque no lo hayan escogido en los Goya: Elena Trapé. Rodrigo Rodero con 'El idioma imposible', Lluís Galter con 'Caracremada', David Pinillos con 'Bon Appetit' o Juana Macías con 'Planes para mañana' (esta sí, nominada al Goya a la mejor dirección novel) son algunos de los directores debutantes que han dejado huella en 2010. En los Goya se crean algunos equívocos: es novel, pero no joven, Emilio Aragón como director y por eso está nominado; y en cambio nunca figuran entre los cortometrajes elegidos los de la remesa de Kimuak, de la que siempre salen futuros directores con algo que decir.
Y hay otro cine que ni siquiera busca los caminos convencionales de la comercialidad y aún así no sólo sobrevive, sino que se multiplica: el de las narrativas insólitas, fragmentadas o contemplativas, que encuentra en festivales su caldo de cultivo. Algunos de esos directores emergentes no son exactamente jóvenes, pero debutar en el cine como director con menos de 30 años no parece hoy fácil. En esa línea se inscriben José María de Orbe con 'Aita' o Daniel V. Villamediana con 'La vida sublime'.
En todo ese espectro donde elegir, el espectador joven, se las da de duro: mira de reojo el cine español e incluso hay quien asegura que no tiene interés ni en descargárselo. Pero ya estamos generalizando: porque cuando encuentran algo que les remueve y les reta, responden (ante Alex de la Iglesia y Santiago Segura). Y porque, de nuevo, hay muchas juventudes distintas, afortunadamente.
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