Si tenemos en cuenta el buen ojo que suele tener Pedro Almodóvar para las actrices, cómo cuida a sus protagonistas y la sabiduría que tiene para obtener de ellas cualidades que ni las propias interesadas sabían que tenían, no sería aventurado pensar que el papel protagonista que Elena Anaya acaba de rodar en la película del oscarizado director manchego, 'La piel que habito', (de la cual tiene prohibido hablar hasta septiembre) puede ser ese papel que estaba necesitando para consagrarse definitivamente. Pero esto aún no lo sabemos.
De momento, Elena Anaya (Palencia, 1975) enfrenta su segunda candidatura a los Goya tras una ya larga carrera en la que nadie le ha regalado nada, en la que ha ido creciendo como actriz paso a paso, pero en la que falta ese empujón definitivo que la sitúe ya sin dudar en la primera línea del ranking. Una de las notas más características en esta trayectoria es la nómina de los directores que han confiado en ella, si bien para papeles secundarios o no excesivamente brillantes pero que han ido apuntalando su tenacidad y asegurando su mirada a la cámara. Alfonso Ungría, Fernando León de Aranoa, Agustín Díaz Yanes, Jaume Balagueró... figuran en su currículum.
Ni el director que la está llevando a su posible consagración ni el que le ha proporcionado su segunda oportunidad en los Goya, esta vez como protagonista, son nuevos para ella. Con Almodóvar hizo una pequeña aparición en 'Hable con ella'. La película llegó a los Oscars (obtuvo la estatuilla al mejor Guión) y poco después ella llegó a Hollywood, primero para rodar un corto independiente y después para atender la llamada de Stephen Sommers ('La momia') que la escogió para su película 'Van Helsing', donde compartió cartel con Hugh Jackman y Kate Beckingsale. No ha sido su único trabajo con acento internacional. Su siguiente película fue 'Dead fish', filme rodado en Inglaterra al lado de Gary Oldman y Robert Carlyle.
Con Julio Medem se encontró por primera vez en 'Lucía y el sexo'. Su papel de Belén la llevó por primera vez a la lista de los Goya, como candidata a mejor actriz secundaria y confirmó una especie de sino en toda su carrera: eso que se llama papeles 'de alto contenido erótico'. Elena Anaya ha llevado con bastante naturalidad el 'obligado' desnudo en sus películas y qué duda cabe que ello la habrá ayudado en el papel que le puede reportar su primer Goya (Medem de nuevo en su vida): el de Alba, una chica española que tiene una relación fortuita con una mujer rusa. Natasha, cuando ambas se encuentran en un hotel de la capital italiana. Un encuentro fugaz, un paréntesis en la corriente de dos vidas, una relación de amor que tiene en esa fugacidad la clave de la intensidad.
Elena Anaya es aquí el mejor activo de un filme que no explota las posibilidades que ofrece la historia (que por cierto, recuerda inevitablemente a 'En la cama' la película con la que Matías Bize ganó una Espiga de Oro en la Seminci) y que tampoco ha conseguido el favor de la crítica o el público. Pero para esta palentina, que desde muy joven tuvo clara su vocación, ha supuesto un plus de visiblidad, dicho sea sin retranca, pero sí en toda su amplitud.
