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ver video de Javier Bardem, la actuación como desafío
La exigencia brutal del actor español, piedra angular de 'Biutiful', le consolida en el estrellato mundial

En verdad no aspira ni a un Goya ni a un Oscar, sino a dos. A mejor actor, sí, pero también a mejor película extranjera. Porque 'Biutiful' es él. Entera. Su imponente presencia abarca todo el metraje del filme de González-Iñárritu. Lo hace creíble pese a su inverosimilitud, aligera su pesadez narrativa y logra suavizar ese afán de trascendencia que encorseta al mexicano en sus películas. Así deja el retrato de una Barcelona sucia y marginal, donde malviven personajes oscuros que buscan rayos de luz entre las sombras de su propia decadencia. Su recreación del brujo Uxbal no solo dota de sentido a este inquietante tipo, un camello conectado con el más allá que, a su manera, intenta ser buena persona, sino que salva una película con un guión complicado que en manos de otros actores habría ido a la deriva.

Es por ello, por su espectacular solvencia ante situaciones de enorme dificultad, que los grandes directores lo seduzcan cada año y que él se permita rechazar decenas de proyectos mayúsculos, en algún caso vinculados a nombres como Michael Mann, Steven Spielberg o Tom Cruise. Suele hacerlo por dos motivos: porque no encuentra sentido a la historia o al personaje o porque la interpretación no le supone un reto. Un lujo al alcance de unos pocos. Pero es que Javier Bardem siempre quiere más. Quiere exigencias que le lleven a explorar nuevas posibilidades narrativas. Siempre ha sido así. Su compromiso con un proyecto que le llene es tan fuerte como su implicación con el equipo. Por eso su participación suele ser sinónimo de calidad y es el principal reclamo español en la taquilla.

Su espectacular solvencia hace que los grandes directores lo seduzcan cada año y que él se permita rechazar decenas de proyectos mayúsculos

¿Es Bardem el mejor actor del momento?, se preguntaba la pasada semana una revista norteamericana. No hay respuesta posible, pero el hecho de que una publicación extranjera plantee la cuestión da nota de la repercusión que ha alcanzado el actor de 'Carne trémula y 'Huevos de oro'. En una semana recibe su tercera nominación a los Oscar, Al Pacino le cita en los Globos de Oro y, para envidia de todo el 'Star System', cierra el contrato para participar en la próxima película de Terrence Malick, el cineasta más exquisito de la historia reciente del cine, autor de cinco películas en 38 años.

Gran parte de la culpa de que Javier Ángel Encinas Bardem parezca nacido para la interpretación la tendrá posiblemente el hecho de que sea nieto, hijo, hermano, sobrino y primo de actores y cineastas. Un príncipe entre la realeza del cine que sabe compaginar su intensa carrera en el extranjero con papeles estelares en producciones españolas como 'Mar adentro' o 'Los lunes al sol'. Para el recuerdo quedan decenas de papeles extremos que fueron tejiendo su larga trayectoria. Larga, más que nada, porque sorprende que Bardem tenga 41 años. Que cuando interpretó al cínico drogadicto de 'Días contados', el papel que impulsó su carrera en España, solo tenía 24 años, que cuando encarnó al poeta cubano Reynaldo Arenas en 'Antes que anochezca', el trabajo que le dio fama mundial, contaba 30 y que en 'Jamón, jamón', donde conoció a su mujer, Penélope Cruz, con la que acaba de tener un hijo, apenas superaba la veintena.

De aspecto rudo e intimidatorio, con una fiereza cultivada durante su etapa como jugador de la selección española de rugby, lo cierto es que en la distancia corta Bardem, el actor más premiado de la historia del cine español, defensor de la causa saharaui, es un hombre educado, amable, divertido y cariñoso, rasgos de su carácter que últimamente ha dejado ver en programas de televisión y galas, donde no ha dudado en lanzar mensajes públicos de amor a Cruz. Con todo, puede mostrarse desconfiado, tenso e incluso borde ante un grupo de periodistas, sobre todo si son del corazón. Una tribu que probablemente le dará unos cuantos quebraderos de cabeza, debido a su reciente paternidad. Una situación en la que, pese a las clases de interpretación que le gusta recibir de Juan Carlos Coraza, no sabrá cómo actuar.

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