El Gobierno de Felipe González condenó la invasión de Kuwait el mismo día en se produjo, y cinco después accedía a la petición de EEUU de prestar apoyo logístico a Washington. La condición, en un gesto hacia la opinión pública española, era que dicho apoyo estuviera condicionado a que la intervención fuera multilateral.
La participación española se concretó con el envío de una flotilla compuesta por la fragata Numancia (sustituida después por la Victoria) y por las corbetas Descubierta y Cazadora. Todas se integraron a la flota naval que vigilaba las aguas del Mar Rojo.
Como medida de represalia al bloqueo que sufría su país, Sadam Hussein decidió retener a ciudadanos de varias nacionalidades, entre ellas la española. A pesar de que la entonces Comunidad Europea había acordado que ninguno de los países miembros estableciera negociaciones con Irak para tratar de liberarlos, una delegación de la vida política y española, en principio a título personal, se desplazó hasta Bagdad con el consiguiente reproche de la oposición del PP. Finalmente, el 15 de octubre, gracias a las negociaciones del grupo mediador, salía de Irak los últimos españoles.
En una muestra de total apoyo a EEUU, el 21 de noviembre de 1991, Felipe González impelía a la ONU que aprobara, como así hizo el día 29, una resolución (la 687) que autorizara el uso de la fuerza contra Irak.
Tras el fin del conflicto, el 5 de marzo, en una comparecencia ante el Parlamento, el presidente del Gobierno informaba del apoyo logístico brindado por España a la coalición multinacional: Los superbombarderos B-52 habían realizado 294 misiones contra objetivos iraquíes desde la base de Morón (el 2,5% del total). También se autorizaron 20.000 vuelos de ida y vuelta, a bordo de los cuales fueron transportadas 205.000 toneladas de material y 105.000 personas.
Además, desveló que el 35% del despliegue norteamericano se había realizado a través de España, porcentaje se elevó al 60% en los momentos más críticos de la guerra.
Desde que EEUU comenzó a barajas la posibilidad de una intervención militar hasta el fin del conflicto de Irak, la sociedad española se echó a la calle en sucesivas ocasiones para protestar contra la guerra.