Bill Clinton se hizo cargo a comienzos de 1993 de una país sumido en un grave crisis económica, de la que consiguió salir en cuatro años gracias a los recortes presupuestarios (que consiguió el saneamiento de unas cuentas públicas que después dilapidaría el próximo presidente en su particular aventura iraquí) y a los bajos tipos de interés.
Las incursiones de Clinton en la zona a penas tuvo repercusiones sobre la economía norteamericana. Pero donde sí tuvo un efecto atroz fue en la economía doméstica iraquí. El 'compás de espera' que vivió Irak en el periodo que va entre las dos legislaturas Bush (con Bill Clinton en la Casa Blanca) no fue tal, y la población iraquí sufrió las consecuencias de la tiranía, aun mayor si cabe de Sadam, el embargo de la ONU, y los bombardeos selectivos norteamericanos.
Los precios del petróleo alcanzaron en septiembre de 1996 en el mercado de Nueva York su nivel más alto en los últimos seis años, como consecuencia del recrudecimiento de la tensión en Oriente Medio, una cota que terminaría empequeñecida con 2001, cuando Clinton abandonó la presidencia con un barril muy por encima de los 20 dólares.
El castigo nuevamente infligido por Estados Unidos al dictador iraquí tuvo incuestionables repercusiones económicas, entre ellas la de representar un ansiado balón de oxígeno para buena parte de países integrantes de la OPEP, ciertamente intranquilos desde que en las Naciones Unidas empezara a hablarse de un posible regreso de Irak al mercado petrolífero internacional.
En diciembre de 1996, el restablecimiento de las exportaciones al mundo exterior, después de unos 2.300 días de paralización, se produjo en cumplimiento de la resolución 986 del Consejo de Seguridad, adoptada el año anterior, y de la fórmula alimentos por petróleo acordada en mayo.
Irak podía exportar crudo por valor de 2.000 millones de dólares cada seis meses para cubrir las necesidades básicas de la población. Parte de los ingresos por la venta del crudo serían asignados a indemnizaciones de la guerra del Golfo; otra porción iría para financiar la Unscom, la comisión especial de la ONU encargada del desarme iraquí y que atravesaba por una crisis financiera; y una tercera parte, estimada en 650 millones de dólares, debía destinarla el Gobierno iraquí a comprar alimentos y medicinas.
En 1997 el ministro de Sanidad de Irak, Omid Medhat Mubarak, revelaba que al menos 1.200.000 iraquíes habrían muerto a causa del embargo económico. Según las autoridades del país, el número de muertes de menores de cinco años habría pasado de 506 niños de media cada mes antes del embargo, a más de 6.500.