EFE | SANTIAGO
Era el mayor de seis hermanos y el predilecto de su madre. Fue un alumno mediocre, nunca se destacó por sus calificaciones. El uniforme lo obsesionaba tanto como el deseo de agradar a su madre y, tras varios intentos frustrados, ingresó a la Escuela Militar como uno más. Nadie hubiera apostado entonces que Augusto Pinochet se convertiría en uno de los tiranos más crueles del siglo XX.
Nació el 25 de noviembre de 1915 en Valparaíso. Su infancia transcurrió sin sobresaltos hasta ingresar a la academia militar. A los 25 años conoció a Lucia Hiriart, de apenas 15. La joven tenía un padre senador y ex ministro. "Por casarme con Augusto no pude ser senadora como mi padre", solía lamentarse. Esta mujer, madre de sus cinco hijos, fue la que convenció a un dubitativo Pinochet de dar el golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende en 1973.
Si algo caracterizaba a Pinochet en vísperas del golpe era su lealtad al gobierno de Allende. Entre los conspiradores no era confiable. En agosto de 1973 asumió como Comandante en Jefe del Ejército y fue advertido del golpe en ciernes. Hasta dos días antes dudaba sobre participar o no pero una vez resuelto fue el más feroz. Vestido de combate y con gafas oscuras, estaba listo para colocarse a la cabeza de una acción sin retorno que marcaría a fuego la historia chilena.
Los mensajes radiofónicos que mantuvieron los jefes de las tres fuerzas armadas aquel fatídico 11 de setiembre registraron la voz de un Pinochet que súbitamente había cambiado de bando. Cuando le consultan si sacar a Allende del país, responde: "se mantiene el ofrecimiento de sacarlo del país y luego el avión se cae cuando va volando", propone entre risas. Minutos después, el presidente socialista, renuente a dimitir, se quitaba la vida en La Moneda.
La dictadura
Allí mismo Pinochet dispone el toque de queda, el estado de sitio y la ley marcial para todo aquel que sea sorprendido con armas o explosivos. "Serán fusilados de inmediato, sin esperar los juicios", resolvió. Su antimarxismo acababa de ver la luz. Al comienzo la idea era rotar en el poder con los otros jefes del golpe, pero con el tiempo su liderazgo se consolidó y se erigió en indiscutido cabecilla del régimen.
Desde esa posición llevó a cabo una salvaje represión que dejó un saldo de 3.200 víctimas fatales, de las cuáles más de 1.100 están desaparecidos. Para avanzar sobre los disidentes creó una temible policía secreta, la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional), y puso al frente al teniente coronel Manuel Contreras cuya misión era "exterminar al marxismo y sus ideologías afines como si fueran plagas".
La DINA ordenaba ejecuciones sumarias de prisioneros en campos de exterminio improvisados en cuarteles, sedes de gobierno y hasta en estadios de fútbol. "A los comunistas donde puedo los destruyo", alardeaba el tirano de lentes oscuras.
Pinochet fue el ideólogo del Plan Cóndor, la coordinación represiva de dictaduras del Cono Sur que permitía la persecución de opositores fuera de las fronteras nacionales. Así fue como se ordenó el asesinato de disidentes chilenos célebres en el exilio como el general Carlos Prats, que había sido su comandante en jefe, asesinado en Buenos Aires junto a su esposa, y el ex canciller de Allende, Orlando Letelier, muerto en un atentado en Washington.
"En este país no se mueve una hoja si no la muevo yo", se jactaba en los '80?y redactó una Constitución a su medida que fue aprobada por los chilenos mediante un plebiscito. Sin embargo, en 1984 algo se agitaba sin su consentimiento y reimplantó el estado de sitio por cuatro años. En 1986 salió ileso de un atentado del Frente Patriótico Manuel Rodríguez en el que murieron cinco escoltas. Dos años después, con América Latina volcada ya hacia la democracia, Pinochet convocó a un nuevo plebiscito en el que consultó a los chilenos si aceptaban o no que permaneciera en el poder 10 años más. Pero esta vez la suerte le jugó en contra. El "No" ganó con 54,7 por ciento de apoyos y allí comenzó su declive.
Paso a la democracia
En 1989, el democristiano Patricio Aylwin fue elegido presidente y Pinochet le colocó la banda. De todos modos, la transición lo mantendría como custodio del proceso. La Carta Magna, reformada por el régimen, le permitió permanecer en el poder como comandante en jefe del Ejército en los primeros ocho años de democracia en los que cultivó una imagen de patriota retirado y abuelo cariñoso.
En 1998 dejó el mando militar en un hombre de su confianza y asumió como 'senador vitalicio' un puesto creado por la constitución para que el régimen mantenga una cuña en el sistema. Pero en apenas unos meses comienza su pesadilla.
En un viaje a Londres para operarse de una hernia discal, el ex dictador fue detenido por una solicitus de extradición del juez español Baltasar Garzón y permaneció 500 días bajo arresto en Gran Bretaña. Sus problemas de salud facilitaron el rechazo de la justicia inglesa a la solicitud y el ex general vuelve a Chile donde se desata una catarata de denuncias penales en su contra que no se detendrán hasta su muerte.